Y un delfín se le
acercó. Un momento mágico en los cuales sintió una corazonada, luego una
punzada, luego una gota que no era del mar recorriendo su mejilla, desde su ojo
hasta que se unió a la salada agua del mar. Al darse cuenta de la belleza del
mamífero que estaba ahí, a pesar de la infinidad del mar. Pero de pronto vio la
sonrisa del delfín y se acordó de que los delfines siempre parecían sonreír.
Una sonrisa grande, una sonrisa el cual lo hizo sentir clarividente. Y fue ahí cuando
vio el pasado como si fuera el futuro, cuando vio todo lo que sufrió y como esa
sonrisa no se deslizo y se quedó ahí tiesa para aparentar fortaleza, dureza, y
a la misma vez dulzura. Y fue así que se llamó a si mismo un delfín.
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